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Primero debutó con Los bárbaros y después fue músico de Los temerarios. Un comienzo repleto de adversidades. Nadie le conocía. Pocos le habían oído. Era el momento de abrir la brecha entre trillas y pantanos. En sus primeras giras por los pueblos de Tabasco conoció a campesinos y ganaderos. A manera de broma Concepción Rodríguez afirma que eran los tiempos en que no había dinero para comprar un camión y en donde la única alternativa para transportar el equipo (bocinas, instrumentos y músicos) era una redila de camioneta. Rodríguez cree que Chico che era un hombre tenaz y terco. Esta terquedad le permitió resistir, conocer la planicie de Tabasco, las montañas de Chiapas, los pueblos de Campeche y los vaivenes de Veracruz. Años después habría de recordar el día en que Chico Che le prometió mejorar su condición de vida. A la ciudad de México llegaron las primeras noticias de que un “peludo” llenaba las plazas, los parques y los salones de baile. Que con su música la estaba armando “a lo grande”. Esto lo supo Jesús o Chuchó Rincón y un día, así nomás y sin avisar, se presentó en Villahermosa.
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Unas semanas más tarde se hizo el representante de El hombre del overol. Mucho antes de la aparición de Rincón, Francisco José vivía a través de solicitudes de crédito. Incluso, en Veracruz, le financiaron muchas veces para comprar instrumentos musicales y bocinas. Este financiamiento lo recibió en una casa musical de nombre Vasconcelos que estaba en la ciudad de Coatzacoalcos. Los caminantes de la calle 7 preferían perder el autobús que los llevaría a sus colonias por escuchar y ver el ensayo de Chico Che y La crisis. Podría decirse que muchos pagaban no por bailar la música “del peludo” sino por mirar, contemplar y testificar el crecimiento de lo que ya se consideraba un fenómeno. En la radio, Chico Che ya estaba posicionado como artista local. Baile, goce y diviértase en la pista del club Sonorama con la presencia del ídolo de Tabasco: Chico che y La crisis. Este anuncio se repetía unas veinte veces por cada estación radiofónica. Se pagaban planas en los diarios y decenas hombres pegaban carteles en los arbotantes de energía eléctrica y teléfono. Era el inicio de Chico Che como músico y también como padre.
Su hijo Francisco nacería en 1970 rodeado de bafles, pedestales, guitarras, bajos y consolas de audio. Por este mismo año se fundó el grupo La crisis. Francisco, el primogénito, desarrolló la habilidad por instrumentos de percusión. A la batería le llamaba Tilili. A decir de la madre, él tocó el Tilili en un baile en el parque Juárez de Villahermosa. Tenía sólo cuatro años. Sin embargo, Francisco jura que el instrumento que ejecutó esa vez fue un pandero. Lo hizo mientras miraba a Chico Che y éste le pidió hacerlo frente todos. —Me dio miedo y me regresé detrás del bafle. La razón: “allá es el lugar donde me gustaba estar”. Desde el rincón del bafle marca Yamaha, el hijo miraba con atención los ademanes y ese momento “especial” de cómo un cantante interactúa con el público que baila y corea sus cantos. En 1975, Chico Che y sus músicos ya no viajan en redila. Ha mejorado la economía y alcanza ya para comprar un camioncito. Ahí viajan todos sin importar que el piso del camión esté roto. Era como mirar a los Picapiedras en el momento en que sacaban los pies del troncomovil.

Aquí nadie sacó los pies pero sí veían las condiciones del camino. En este camión algunas veces apareció Francisco, el hijo mayor. En la casa de Villahermosa lo daban por perdido pero -como acto de magia- era hallado en el vehículo entre maletas y cajas de bocinas. Al principio le reprendieron. Imagínese usted que eran los años en que no había forma de comunicarse más que usar un teléfono en una caseta. Francisco tenía siete años y desde entonces, sin permiso y con él, se hizo el acompañante del padre. Conoció su sensibilidad, disfrutó su crecimiento, grabó sus risas y testificó cómo los bailes estaban a “reventar”. —Me impresionaba cómo a un movimiento de él, la gente respondía con euforia. Su viuda muestra recortes de periódicos. Con los años, el panorama de la familia cambió: compraron enseres domésticos, regalos, autos y el nivel de vida era holgado que había dinero para ya no ir a escuelas públicas sino a escuelas de paga.

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